Qué de tiempo, ¿eh?
Quién lo diría, yo otra vez por estos lares... Y es que (aún estando con mi enfermedad, enfermedad de sociedad) me resisto a tomar Espirifren. Animado por Calígula, intentaré paliar esta dosis por hoy.
No hace mucho, tuve que enfrentarme a algo muy duro. A alguien que lo ha perdido todo. No os imagináis lo duro que es para esa persona y para el que se enfrenta a ella.
Ver morir a tus padres, a tu hermano pequeño, junto con otras 4 personas (las cuales no conoces de nada, pero bueno, son personas) de manera sangrienta e injusta, sumerge en un pozo bastante hondo a el más pintado. Ahora añádele que no estás en tu país, pon que estabas de vacaciones. De puta madre. Y ahora la guinda. Eres menor. ¿Qué te queda?
Pueden darte horas, días, meses, años de preparación. Pero nunca, repito, nunca, estás suficientemente preparado para afrontar a alguien que lo ha perdido todo. Intentas un positivismo que queda totalmente rechazado. Buscas una vía de escape, pero, hostia puta, las más habituales son familia (premio) y amigos cercanos (en un país extranjero?).
No os voy a dar un curso de atención a desesperados ahora. (sobre todo porque no soy el más indicado... yo lo básico y si acaso), pero hay veces que todo lo que intentas no sirve. Nada. Absoluta y certeramente nada. ¿Qué haces entonces? A veces lo mejor y única cosa que puedes hacer, es ponerte a su lado y empatizar. ¿Empatiqué? Comprenderle. Hasta el punto de llorar con esa persona. Minutos. Horas si hace falta. Para alguien que lo ha perdido todo, un poco de agua salada residual es mucho.
Busqueda
Búsqueda personalizada
martes, 29 de abril de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)